Eventos / GABRIEL HERNÁNDEZ Y BOBBY KAPP "Presentan su disco Cilla Sin Embargo" / 2015-09-26


GABRIEL HERNÁNDEZ Y BOBBY KAPP "Presentan su disco Cilla Sin Embargo"


21:00:00

$Cr*350

Mediados de diciembre en Cuba. Se respira el aire contaminado con olor a los Fords y

Chevys viejos que corren con diésel o petróleo mal procesado en Venezuela. Amantes

sentados en el rompeolas del Malecón frente al escenario anti-imperialista con la estatua

de José Martí, mirando hacia el mar, y observando cómo las gaviotas se zambullen

pescando en los arrecifes de las aguas poco profundas.

A cinco minutos de distancia, en los Estudios Abdala ubicados en un barrio casi

residencial llamado Miramar, los músicos están comenzando a reunirse para el segundo y

último día de grabación.

Alfredo Thompson,tenor sax,, pasó por Roberto y por algunos amigos de San Miguel en

su auto Lada. Gabriel ha ido a checar los niveles del sonido para la grabación El auto de

Alfredo no tiene ventanas en las puertas y los tufos de vapores de gasolina escapan de

los contenedores en el maletero. Es un auto viejo ruso, con motor Fiat, pero funciona.

Mientras conduce, hace bromas y ríe, alzando las manos al aire.

Casi de inmediato, una policía de tránsito lo paró. Formal y con su uniforme almidonado,

le indica firmemente que no conduzca imprudentemente sin llevar las manos al volante.

Ella lo dejó ir bajo advertencia en esta ocasión.

Cinco minutos después se estaciona frente a los Estudios Abdala, aun riendo de lo

sucedido. La entrada está por detrás de la calle, teniendo a la vista un ave de paraíso. Se

puede oler el mar, a unas cuadras de distancia, y la basura en la calle amontonada en la

banqueta bajo una enorme palma.

La anécdota de Alfredo se convirtió después en una historia, platicada en el estudio y

compartiéndola con otras bromas e historias absurdas similares. Este es un lugar

hogareño. La afinadora del piano, ciega, ha terminado su trabajo y se ha ido. Este es el

segundo y último día de grabación. No habrá más oportunidades.

Gabriel está alborotado por todo el estudio, charlando, abrazando a los que van llegando,

regresando al cuarto de control para checar el sonido. Inevitablemente comenzó a

bromear. Han sido prácticamente dos décadas desde que vio y trabajó con algunos de

estas personas. Conoció a algunos en la escuela en Camaguey, pero esto está lejos de

ser una reunión de compañeros de clase, esto es tiempo familiar. Él y Alfredo recorrieron

el mundo cuando jóvenes; César el alto saxofonista fumando con un cigarro artificial era

un niño cuando lo vieron por última vez en Cuba. Ahora tiene su propia banda y es la

estrella principal.

Ellos examinan las canciones a la perfección, llamando la atención cuando omiten una

nota o entran tarde sobre una transición. Sólo han ensayado por dos días, pero todos

pueden leer los arreglos que Gabriel escribió y copió en México. El tiempo no es flexible y

están haciendo esto juntos en vivo. Es el Festival Internacional de la Plaza en La Habana

y los músicos del país y del extranjero se han reunido para participar en eventos en

clubes privados y escenarios públicos. Todo el mundo viene de una tocada y va después

a otra.

De todos modos, la mayoría sale por un rato aún después de haber hecho su parte.

Trompetas, percusiones, timbales, coros, congas, guiro y cuequere Pero a las 2 am, bien

pasado el tiempo en el estudio, todo mundo se ha ido a casa o a su siguiente trabajo,

excepto Roberto, Gabriel y el ingeniero.

Por horas Roberto anda de un lado a otro, muy profesional para preguntar a Gabriel sobre

su modelo acústico que ha desarrollado en los últimos dos años.

Gabriel es el maestro, no se pregunta nada. Él y Roberto han trabajado las canciones por

meses y las tiene en su memoria, cada parte en su lugar. Gabriel quiere tener la música

completa, como un cojín para Roberto para que pueda posar su voz.

“La muñeca tiene que ser vestida” dice después con una risa.

Pero Roberto quiere cantar. Él ha venido con todos los gastos pagados, y esperando a

que Gabriel le de autorización para hacer esto. Tazas incontables de café dulce cubano

del mostrador en el vestíbulo no han ayudado a calmarlo.

Finalmente, es el tiempo de que Roberto esté frente al micrófono. Gabriel está sentado en

un banquillo, a unos pasos de distancia con audífonos puestos. Ellos cerraron los ojos y

Roberto comenzó a cantar.

“See the girl with the polka-dot smile…”

Es la primera línea de “Cilla”, pequeña canción sobre la mujer con la que compartió

Roberto los últimos 20 años. Cilla ha sido su último amor, su más bailable y juguetón

amor. Y a pesar de que ella vive, Roberto siente su pérdida aún más que si ella estuviera

muerta. Ella lleva una vida asistida en México, víctima del Alzheimer. Él va a visitarla

todos los días cuando está en casa.

Cilla inspiró todo este trabajo: las canciones, el viaje, a los músicos, los meses de

preparación, los gastos, todo en su conjunto. Cilla no volverá a bailar con Roberto.

En el micrófono, aun estando Gabriel a unos pasos, Roberto sintió como si estuviera en

un enorme estadio después de que una batalla épica había sido luchada, pero ahora todo

el público y los equipos se han ido. Aún los tipos que limpian cacahuetes se habían ido a

casa. Las luces estaban encendidas y sólo estaba él y el micrófono gigante. Nadie más.

Él estaba solo cantándole a una mujer que no lo puede escuchar.

Entre las 4 y 5 Gabriel se declara satisfecho. Hubo un momento, aproximadamente a las

3:30 am cuando Roberto se trababa con “Las tres palabras”, pero ahora es suficiente, las

voces están hechas.

En los siguientes días, fuimos a ver a los músicos cubanos con sus propias bandas en los

clubes de jazz en la ciudad. Todo el mundo sigue entusiasmado por la sesión y hacen

comentarios. Hubo momentos para todos, algo qué recordar. El proyecto Cilla dio alma al

grupo.

Dos días después el presidente Obama anunció el fin del bloqueo a Cuba.

Y ahora, lo que había sido el Proyecto Cilla fue nombrado con un título del que ella misma

se hubiera reído. Le gustaban los juegos de palabras bilingüe-cultural.

Y así, “Cilla sin embargo”. Mucho tiempo ella puede bailar.

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